Una vez más nuestros puntos de vista coinciden.Ese es el espacio que yo hubiera acotado para transformarlo, después, en un dibujo.La oscura masa del Capitol a la izquierda, el cielo aborregado ,las cúpulas antropomórficas y el palo mayor de la farola en medio de la escena
La curva de la farola no me gusta Tomás, no la deja subir ni la deja caer. Es de una mano suave, vacía o elegante el que la diseñó. Si te hubiera hablado de esto, seguro que me hubieras entendido. Cuánto me diseñaste ¿te acuerdas, vida mía? para el trabajo de los juegos de Trenza Metal. ¿Cómo podías tener esa sensibilidad para entender lo que necesitaba o lo que quería?. Todo lo que dibujabas me parecía tan bonito y genial. Tomás has dejado encendidas, incandescentes muchas farolas que alumbran o recrean muchas soledades y un amor tan enorme, energía de vida que se une a tu muerte, mi vida muerta en tí.
Aquí desde muy lejos pienso en las farolas encendidas por Tomás, tantas, tantísimas, tan acompañadas y queridas por vuestro amor constante e incansable.
Nunca llenando huecos, nunca, pero siempre con ganas de abrazarte, bego, y darte un achuchon fuerte y rodearte, para devolverte un poquito de ese calor que siempre me has dado, esa hipoteca de cariño en la que siempre me siento debiéndote tanto, y ahora aunque no importe, me revuelvo pensando en vosotros y en quereros como sepa, ahora, pero quereros tanto, tantísmo, siempre.
Encontre el tabaco, Enrique, me llena la mochila de un olor rico a vainilla que me recuerda a ti.
Hola Tomás, he de reconocer que desconocía esta afición tuya por la fotografía y en el caso de estas fotos, tu pasión por descubrir nuevas perspectivas de la Gran Vía que, a buen seguro y al igual que yo, heredaste de Enrique.
Por si no te acuerdas, las paredes de mi casa están llenas con aguafuertes, dibujos y grabados fundamentalmente de la Gran Vía y aledaños y es que casi siempre que salía de vuestra casa me llevaba una nueva “ventana” a esta calle para la mía.
Precisamente desde hace unos meses la recorro todos los días y no podré dejar de pensar cada vez que vea a alguien tirando una foto, si conseguirá expresar o reflejar en ella la mismo amor, intensidad y “casi obsesión” que nosotros sentimos por ella.
Ahora formamos parte de una comunidad silenciosa de miles de millones de personas en todo el mundo que gritamos en silencio esa pregunta desesperada del porqué, del cómo es posible, cientos de miles de millones de personas que somos solo una persona, una persona a cuyos pies se abre un agujero negro que se traga todas las preguntas. Somos los vivos, y no tenemos consuelo ante la realidad implacable de El Fin con mayúsculas que nos respira en el cogote. Y sin consuelo posible escribimos palabras, bebemos agua, nos rozamos con los demás por la calle al caminar por las ciudades que hemos construido en esta gigantesca nave espacial perdida en el espacio.
Tomás, ayer estuve con Pablo en el teleférico y desde lo alto de la Casa de Campo se veía todo Madrid al atardecer. Estabas ahí presente en el cielo sobrevolando todas las casas, los edificios, los distintos barrios... Tu presencia no era más irreal que ese conjunto de cosas aparentemente reales, que no son sino muescas en el tiempo.
Tengo que hacer una limpieza de papeles y de cuadernillos pero no quiero porque tengo escritos tuyos y sobre ti, todo sigue lleno de tí, y de tus recuerdos ahora es todavía más difícil tirar porque todo me ha servido para dejar constancia de que en aquel momento, un continuo, estaba enrollada en tu recuerdo. Tomás, decir Tomás sin ti ¡qué sinsentido!
7 comentarios:
Una vez más nuestros puntos de vista coinciden.Ese es el espacio que yo hubiera acotado para transformarlo, después, en un dibujo.La oscura masa del Capitol a la izquierda, el cielo aborregado ,las cúpulas antropomórficas y el palo mayor de la farola en medio de la escena
La curva de la farola no me gusta Tomás, no la deja subir ni la deja caer. Es de una mano suave, vacía o elegante el que la diseñó. Si te hubiera hablado de esto, seguro que me hubieras entendido. Cuánto me diseñaste ¿te acuerdas, vida mía? para el trabajo de los juegos de Trenza Metal. ¿Cómo podías tener esa sensibilidad para entender lo que necesitaba o lo que quería?. Todo lo que dibujabas me parecía tan bonito y genial. Tomás has dejado encendidas, incandescentes muchas farolas que alumbran o recrean muchas soledades y un amor tan enorme, energía de vida que se une a tu muerte, mi vida muerta en tí.
Aquí desde muy lejos pienso en las farolas encendidas por Tomás, tantas, tantísimas, tan acompañadas y queridas por vuestro amor constante e incansable.
Nunca llenando huecos, nunca, pero siempre con ganas de abrazarte, bego, y darte un achuchon fuerte y rodearte, para devolverte un poquito de ese calor que siempre me has dado, esa hipoteca de cariño en la que siempre me siento debiéndote tanto, y ahora aunque no importe, me revuelvo pensando en vosotros y en quereros como sepa, ahora, pero quereros tanto, tantísmo, siempre.
Encontre el tabaco, Enrique, me llena la mochila de un olor rico a vainilla que me recuerda a ti.
Desde Oaxaca, un abrazo enorme e inmenso. Yara
Hola Tomás, he de reconocer que desconocía esta afición tuya por la fotografía y en el caso de estas fotos, tu pasión por descubrir nuevas perspectivas de la Gran Vía que, a buen seguro y al igual que yo, heredaste de Enrique.
Por si no te acuerdas, las paredes de mi casa están llenas con aguafuertes, dibujos y grabados fundamentalmente de la Gran Vía y aledaños y es que casi siempre que salía de vuestra casa me llevaba una nueva “ventana” a esta calle para la mía.
Precisamente desde hace unos meses la recorro todos los días y no podré dejar de pensar cada vez que vea a alguien tirando una foto, si conseguirá expresar o reflejar en ella la mismo amor, intensidad y “casi obsesión” que nosotros sentimos por ella.
Ahora formamos parte de una comunidad silenciosa de miles de millones de personas en todo el mundo que gritamos en silencio esa pregunta desesperada del porqué, del cómo es posible, cientos de miles de millones de personas que somos solo una persona, una persona a cuyos pies se abre un agujero negro que se traga todas las preguntas. Somos los vivos, y no tenemos consuelo ante la realidad implacable de El Fin con mayúsculas que nos respira en el cogote. Y sin consuelo posible escribimos palabras, bebemos agua, nos rozamos con los demás por la calle al caminar por las ciudades que hemos construido en esta gigantesca nave espacial perdida en el espacio.
Tomás, ayer estuve con Pablo en el teleférico y desde lo alto de la Casa de Campo se veía todo Madrid al atardecer. Estabas ahí presente en el cielo sobrevolando todas las casas, los edificios, los distintos barrios... Tu presencia no era más irreal que ese conjunto de cosas aparentemente reales, que no son sino muescas en el tiempo.
Tengo que hacer una limpieza de papeles y de cuadernillos pero no quiero porque tengo escritos tuyos y sobre ti, todo sigue lleno de tí, y de tus recuerdos ahora es todavía más difícil tirar porque todo me ha servido para dejar constancia de que en aquel momento, un continuo, estaba enrollada en tu recuerdo. Tomás, decir Tomás sin ti ¡qué sinsentido!
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