viernes, 25 de julio de 2008


He encontrado estas fotos en el ordenador de Tomás y he querido ponerlas aquí porque me parecen buenas y también porque me hacen pensar en Tomás mirando el mundo en busca de vida. Imagino su mirada en estos momentos de disparar la cámara, que casi seguro serían momentos de cierta paz, al menos la suficiente para dedicarse a algo tan elemental como ver las cosas, las cosas grandes y pequeñas de su ciudad y de su entorno, las cosas de verdad, de la vida. Momentos de posible alivio en el gran desconcierto, momentos que ojalá hubiera vivido más. Le imagino haciendo estas fotos buscando inspiración, para luego enseñárselas a alguien, o para enmarcar y regalar, como me ha regalado a mí o a otros. Aunque como casi siempre pasaba con Tomás, a lo mejor todo esto que interpreto es equivocado, o tal vez no, o a lo mejor todo lo contrario. Esta última foto, que es de las últimas que hizo, me parece evocadora, casi escalofriante. Tiene una luz entre tenebrosa y mágica, y se ve una torre al final de una calle, su calle, la calle de su vida en el ocaso. O a lo mejor está amaneciendo.