viernes, 25 de julio de 2008


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Tomas, era así el tunel de tu vida, luminoso, veloz y siempre con salida. Te esperamos todos al final de este camino, que estarás recorriendo en paz y feliz, este mundo no te servía mas, donde este tu nuevo mundo, mandanos buena energía, que la precisamos.

Begoña dijo...

Te he perdido Tomás, ya te perdí. ¿Cuándo empecé a perderte hijo del alma? Porque no fue el día de tu muerte, el día en que en tu muerte me morí. Empezó la muerte lentamente y estando a tu lado la llamaba vivir. Aprendí a estar contigo, te elegí por encima de razones tan extrañas y creía que así para siempre iba a seguir. Cuando ya al final te decía que temía por tí, no imaginaba lo que iba a venir, siempre estabas con vida, vida mía, pero eso no era la vida, era morir. Qué carretera tan blanca has elegido, ¿por qué vas tan de prisa? ¡tengo miedo! ay mi conductor temerario, te has escapado, al fin te has escapado. Mi amor, descansa en paz.

Anónimo dijo...

Tomás qué carretera blanca ¿a dónde llevará? temías el camino y el final, yo compartí tu miedo no imaginé el final. Y esta noche de viernes, la noche 29 de agosto cuando hace 6 semanas que saliste para celebrar el haber acabado aquel trabajo en que estabas con vida y creo que "normal", empiezo el calvario de las horas que retengo puntualmente grabado en mi memoria. El viernes, el sábado, el domingo, el lunes y el martes de hace 6 semanas, malditos 5 días con su correspondiente calvario de horas y recuerdos, porque en esos 5días atravesaste la carretera blanca sin retorno, el final. Tomis te seguiré queriendo siempre.

Anónimo dijo...

Dice Cristina, Tomás, que este mundo ya no te servía, es la verdad. No te servía el mundo ni esta vida, querías correr, no caminar. Vuelvo aturdida a esta imagen que captaste, presiento una neblina blanca en tu corazón. Tu corazón, hijo del alma, que hecho mil pedazos te explotó, le dicen infartado, se rompió. ¡Ay hijo mío!, cómo, de qué forma y hasta dónde me duele el corazón. Qué vacío, qué blanco, qué solo, qué dolor que duele tanto, qué triste seguir, seguir sin tí. Hoy he sentido frío, tenías a veces mucho frío y he pensado, sentido, deseado, pararme en la cuneta, esperarte a que pases, descansar. Saber, lo que no sé, que te he perdido para siempre ¿lo sabes, verdad que tú lo sabes, me comprendes? es algo tan penoso que acarició la locura, mi deseo ¿te acuerdas que a menudo tratamos eso del deseo?, de crear un paraiso, un dios, el mundo de los muertos que estén vivos y todo lo demás. Te abrazo en mi deseo de abrazarte, estás, eres el aire y se pierde mi abrazo. Te hubiera acercado una manta que he lavado, te acarició la frente suavemente porque no quiero herirme con el frío almohadón.n

Anónimo dijo...

¿Es esa la luz blanca al final del túnel que dicen haber visto quienes volvieron de una primera muerte?
¿Es ese el túnel que conduce al otro lado?
¿Estás en ese otro lado del espejo luminoso?
Demasiadas preguntas hijo y además, ¿de qué me servirían las respuestas si no me las vas a dar tú?
De modo que me las daré yo.
Esa es la luz, seguro que la has visto y has seguido el camino através del túnel.Y naturalmente que estás al otro lado del espejo. Con Alicia y con todas las que de un modo u otro fueron posibles en tu vida y con las que fueron inevitables y con las imposibles, amadas con la desesperación del abandono. Con las que te dieron esperanza, con las que acariciaron tus heridas y quisieron suavizar tu hermoso gesto de amargura. Están todas, las que guardabas en el borde de tu espejo, certificando los muchos momentos felices de tu vida.
Estás en la memoria de todas ellas y,de ese modo,pienso que estás vivo.

Anónimo dijo...

Te estás alejando.En la luminosa perspectiva del túnel se difumina tu silueta,se resuelve en la luz cada vez más intensa hacia el fondo de ese espacio sin límites.
En esta noche se ha venido el invierno encima de nuestra casa y tú ya estás lejos de tu habitación ahora blanca. De madrugada como casi siempre,suena la música que me gusta en el estudio,a todo volumen, no hay vecinos. En casa, arriba, en la buhardilla, duermen Pablo y Martin abrazando sus muñecos,primeros hijos de peluche y fieltro,con el mismo abrazo con que tú les rodeabas en la última primavera del jardín. Yo apresé ese instante,tus ojos cerrados, y lo que parece una sonrisa en tu rostro donde tu hermano pudo ver,afortunado, la paz y la infancia. Al final del túnel.
Hijo mío.