viernes, 25 de julio de 2008


20 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde el balcón de tu apartamento en la calle Eduardo Aunós, hiciste volar la torre de TVE como una nave espacial sobre el cielo de Madrid.En casa,cada noche, te esperábamos.Luces rojas de alarma te advertían del peligro.
Siempre te hemos esperado.No tardes Tomás.

Begoña dijo...

Me explica aquí arriba tu padre que esto es la TVE, yo no lo distingo. Cuando iba a tu casa y era de día no me gustaba esa presencia tan grande cerca de tí, ya ves qué tontería y por la noche sólo miraba las persianas de tu casa. Deseaba que estuvieras dentro descansando y tranquilo y sabía que no estabas allí, te he esperado abajo tantas veces hasta la madrugada y cuando ya no podía más volvía a casa. Te quería tanto, me traspasaba tu angustia y desazón. Hijo te he querido siempre, te seguiremos esperando

Anónimo dijo...

Tomás, han pasado doce días y todavía no te dejamos en paz. Durante tanto tiempo no queríamos que te fueras, y ahora por inercia es lo que hacemos: no querer que te hayas ido. A pesar de no dejarte en paz, espero que estés en paz. Una contradicción más.

MI HERMANO dijo...

"Si puedo pensarlo, no lo quiero.
Quiero... Quiero una nave de un planeta cercano
Que aterrice en el jardín, y que salgan seres
Y que piensen: "Así que tú vives aquí, ¡ven!"
Pero no van a venir
He pensado en ellos...
Y sin embargo en algún sitio
Debe haber algo que sea distinto de todo
Todo lo que nunca he pensado... piensa en mí."
--Randall Jarrell

Begoña dijo...

Un día, eras pequeño y temerario, te tiraste en P. de Vergara del 600Cuando salí temblando a recogerte y me enfadé, me aseguraste que no te podía pasar nada porque venía un águila y te salvaba volando. ¿Dónde estaba tu águila?. "Malas noticias: el águila no estuvo allí". Puedo pensar que te fuiste entre destellos al país del nunca jamás en una nave que habías construido por las noches oscuras. Te has ido, te has ido ¿cómo es posible? Descansa en paz.

Anónimo dijo...

Creo que para nosotros cobra un valor peculiar el hecho de escribir estas cosas en "el ciberespacio", que es como decir en la nada, y en el todo a la vez, en ese vacío interestelar que es donde a lo mejor habitas o habitan las almas, al menos para la gente que "cree". Habría estado bien "creer" un poco más que lo que nos deja creer este materialismo implacable.

Anónimo dijo...

Descansa, Tomás. Ya nadie te puede hacer daño. Ni siquiera nosotros

Anónimo dijo...

Bien, de acuerdo con lo que dice y transcribe tu hermano Juan. Si puedo pensarlo, no lo quiero, de manera que voy a dejar de pensar en que , de pronto, apareces por la puerta del estudio y me sonríes levantando el labio superior.
¿qué haces padre?
estoy dibujando
¿a ver?
está muy bien
¿te gusta?
es buenísimo
¿tú crees?
ya te digo
Bueno, padre tengo que pedirte un favor enorme.
¿otra vez?
Esta vez es la última , te lo prometo.
Y es que te veo tan claramente, estoy seguro de que eres tú, es tu voz y son tus manos largas y tan hábiles con las que enciendes un cigarrilo aspirando profundamente la primera calada.
Por favor padre, no tardamos ni media hora.
Y es que viene esa nave espacial y aterriza en el jardín y sale aquel ángel en forma de águila que te iba a salvar al caerte del 600.
Y vino, y te salvó.
Por eso, como lo quiero con todas mis fuerzas, no voy a pensarlo.
A ver si sucede.

Anónimo dijo...

La ausencia está teñida de relámpagos, es muy seca tu ausencia. El sonido del trueno me retuerce ¡cómo duele tu ausencia!. Ya se ha quedado sin forma, sin contornos el piso que pisabas, se ha borrado tu huella, mi hijo caminante, de caminos sin metas. El suelo se ha agrietado, se ha secado la tierra, se ha cubierto de polvo, polvo, polvo. Alrededor, silencio, es de noche muy tarde. Descansa hijo querido, amores de tu madre. He guardado en mi caja tus huellas, tus andares, tus luces y tu sombras, he escondido muy dentro tu voz y tu mirada. ¡Ay hijo de mi vida qué tormenta seca y tan larga! que el agua de las nubes caiga sobre los campos y que cierre las grietas de mi tierra agrietada. Descansa vida mía, descansa hijo del alma.

Anónimo dijo...

Ayer, Tomás, no sabes qué belleza, qué espectáculo! estábamos sin ti y siempre, aún, estabas tan presente. Al entrar, entrabas sin entrar, no tenías entrada, al mirar no te veía a tí, te escondía en mi alma. Al leer el cartel, no habías ya hecho nada, lo intentaste, recuerdo en varias madrugadas, estaba el diseño que no hiciste y yo, lo puse en mi mirada. Tuvimos, como siempre en los estrenos, que esperar un rato y esta vez vez te quedaste tranquilo en mi regazo como un niño, no tuviste que salir y entrar, ni tomar nada. Ví la obra, Urtain, con dos miradas, atenta y doble fue la escucha y doble la alegría, la risa, la tristeza. Mira, Tomás te has perdido esta vida que se nos muestra a veces, como esta tragedia en el ring simulado en un teatro, digna, trágica, noble o misteriosa. ¡Ay, mi amor, potagonista de tu historia, mi héroe herido, vencido y dolorido en mil combates. Te tuve en mí, sentido en cada abrazo.
Tomás esta vez es verdad que no pudiste venir, ya no has podido, te has quedado dormido en el pasado.

Anónimo dijo...

Esta noche estoy imprimiendo tus fotos en tu vieja impresora que ya casi manejo como tú lo hacías. Oyendo música en tu nuevo ordenador e intentando aprender algo de sus misterios sin tu ayuda lo cual , puedes suponer, lo difícil que me resulta.
Y es que no acabo de saber que no vas a entrar en el estudio asomando suavemente tu estatura para trabajar conmigo esas imagenes de tus últimos días.
Y estoy aquí solo , enmarcando los dibujos de toda tu vida, yo solo eligiendo los que me parecen mejores sin acabar de saber que no vas a venir a darme tu opinión,este no, padre, que es muy malo,que vá , está muy bien, si tenías ocho años ¿no?
Estos de los años ochenta son muy buenos, naves espaciales, catástrofes de ciencia-ficción,navegantes solitarios..."Yo he visto cosas que no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión,he visto rayos C brillando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhauser. Todos estos recuerdos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia..."
Es tiempo de morir.
Imagino que la paloma con tu energía arrancará el vuelo bajo la noche lluviosa y oscura de tu ciudad que está amaneciendo.
Tanto como has dejado.Sin preguntas, sin respuestas.
Hasta mañana,hijo.

Anónimo dijo...

En nuestra memoria, en los recuerdos reales o "implantados", en las imagenes que fabricamos con esos recuerdos para recuperar lo irrecuperable, esa es la manera en la que viven nuestros muertos. Millones de ausentes pueblan los recuerdos de nosotros , los vivos, y si los olvidamos morirán definitivamente.
¿Dónde están? En cualquier lugar donde los imaginemos, en aquel lejano país al que siempre quisieron viajar, o dormidos en una siesta permanente entre palmeras y frente al mar más azul que decidamos construir a su alrededor.
Para eso estamos , para construir permanentemente su más confortable lugar. Descansa Tomás y pide lo que quieras. Es gratis.

Anónimo dijo...

Está pasando el tiempo, si es que pasa o ¿todo está ocurriendo en este mismo instante? la vida-el nacimiento ¿es otra nueva muerte? me engañan los sentidos, me engaña el sentimiento, el dolor me nubla la mirada y me duele no verte desde aquel día maldito de tu muerte. Me tiembla el corazón y me duelen los latidos, cada latido, mi propiedad cuando tú ya no lates. Has sobrepasado esta experiencia de tu muerte cuando, creía que no era tu tiempo, tan temprano. Me pesan los hombros, me duele hondo, tan hondo Tomás ¿por qué te has ido? ¿qué terrible destino te has esperado? ¿por qué has acudido presuroso a esa tremenda cita con tu muerte?. No puedo soportar esa carrera que emprendiste y que era vivir muriendo y ya te has muerto vida mía y me has dejado arrastras y no puedo entender ¿existe el tiempo? que un día te abracé en tu nacimiento y te quise, mi chico largo, delgado, moreno, peludo, musculoso y muy inquieto y te acepté ¿existe el tiempo? y otro día, se mezclan los sentidos, qué vértigo, marea el dolor, te abracé y te acababas de morir, ya estabas muerto. Qué grito de dolor y es en silencio.

Anónimo dijo...

Hola Tomás,
Pasa el tiempo y se va haciendo cada vez más raro que no estés, incluso a veces cuando voy a casa de tus padres,(tu casa , tu cuarto, pues mientras yo te he conocido siempre has vivido ahí), pienso que vas a aparecer, rapidamente, de imprevisto con un "¿qué tal, Rebecca?" pues esa era casi toda nuestra conversación en estos 5 años ...
Qué pena haber desaprovechado tanto el tiempo mientras pudimos habernos conocido y ¿por qué no? ayudado.
Sólo sé que te llamé en último cumpleaños pues a mi siemrpe me ha encantado que me felicitaran y pensé que a ti tambíen te agradaría pero hablé con tu madre, no contigo pues ni siquiera tenía tu móvil...
Ahora ya es demasiado tarde y de alguna forma siento como una deuda interna y por eso creo que mi subsconsciente me está traicionando y al principio cuando te fuiste soñe un montón de noches contigo, ahora , ultimamente ,te he visto varias veces por la calle y me he girado.Y aún tengo el reflejo, cuando Gabriel me he dice que ha hablado con su hermano de preguntar ¿quién? ¿Juan? a pesar de que tú nunca nos llamabas.
En fin, quiero que sepas qué se me hace raro que ya no estés.

Anónimo dijo...

Rebecca dijo: Hola Tomás. Tomás no contestó, no llamó, no felicitó en el cumpleaños.Rebecca soñó y preguntó ¿qué hermano? Gabriel no contestó o contestó lo obvio que no siempre es lo verdadero.
¿Será este espacio cibernético,que estamos construyendo entre todos, el lugar para hacer preguntas?
Hagamos preguntas sin esperar las respuestas que deseamos.
Hagámonos preguntas a nosotros mismos sin esperar que alguien las conteste,ni siquiera Tomás, protagonista, ¿inexistente?, de este espacio cibernético,pared de frontón donde rebotan nuestras reflexiones,tristezas,reproches.
La idea sería no solamente recuperar su memoria sino también la nuestra de tantos años de incertidumbre y dudas.
Alguien cercano dijo: el tiempo lo cura todo, pero ¿qué es el tiempo?
¿eso que pasa sin nosotros?
¿esa construcción, esa medida a quien no le importamos un bledo?
¿qué poder de curación va a tener esa entelequia si no nos quiere nada en absoluto?.Nos desgasta, agudiza nuestros dolores, nos marca arrugas en la cara y en el alma,siempre nos falta para hacer lo que más nos gusta y cuando hace tanto, nos roba la memoria.
¿Qué demonios nos va a curar con lo malvado que es?
Qué bien Tomás, tu ya sin tiempo.

Flora dijo...

No conocí a Tomás y tampoco sabía por todo lo que, al parecer, estaba pasando desde hace tiempo. Sin embargo, sí conocí a sus padres y por eso me atrevo a interrumpir su dolor aunque sólo sea por un instante para decirles: “Begoña, Enrique, llorad todo lo que necesitéis pero no más de lo que todo duelo precisa y empezad a sonreír por los buenos ratos que os regaló Tomás en lugar de apenaros porque ya se convirtió en una estrella que brilla en el cielo como ninguna otra. Sabéis, además, que desde allí os seguirá alumbrando. Un abrazo muy fuerte y... lo mejor para 2009 y los años que aún están por llegar y que viviréis para, por y junto a los que todavía os necesitan.

Anónimo dijo...

Gracias Flora por tu presencia en este espacio en el que nos reúne la memoria de Tomás y por tus palabras que son testimonio de tu amistad.
Fueron ,sin demasiado eufemismo, felices aquellos años de nuestra tardía juventud en la Cava Baja.En la barra de La Mandrágora alguna noche de aquellas, ponía copas un Tomás de trece años escanciando, con su mejor sonrisa,cerveza y vino a tantos amigos.
De todos ellos y de su afecto nos hemos visto rodeados cuando Tomás nos dejó.
No sé de cuántas lágrimas precisa cada duelo.El nuestro acabará cuando, seguramente, nos reunamos con esa estrella que tú aseguras que brilla. Puede que sí, ¿porqué no?

Flora dijo...

Sí, claro que fuimos felices en aquellos años aunque, quizá los evoquemos ahora aún más dichosos de lo que en realidad fueron porque, no es que el tiempo haga olvidar o borre las heridas de la juventud sino que juega con la memoria cuando llega el otoño. Yo rondaba 25 años, me gustaba soñar y acababa de abandonar el nido para emprender mi propio vuelo a pesar de que aún no sabía lo peligroso que a veces resulta volar. Estaba todavía algo verde en muchas cosas de la vida.

Por supuesto que tuve que “conocer” a Tomás pero no tengo un recuerdo nítido del que, según dices, era tan sólo un chaval de 13 años, los mismos que tendría también entonces mi hermano pequeño. Supongo que prefería fijarme en gente de mi edad e incluso mayor que yo. Además, por mucho que amemos a alguien, nadie llega a “conocer” realmente a nadie, al menos, en profundidad. Ni siquiera a uno mismo, y los jóvenes, menos aún, a pesar de que su natural y hermosa rebeldía les lleve a jactarse a menudo de lo contrario y a caer luego en lamentables pero, en algunas ocasiones, instructivos errores. Otras veces ya es demasiado tarde para aprender y la vida se niega a conceder una segunda, tercera o cuarta oportunidad para que podamos seguir creciendo, sintiendo, viviendo... Eso pensamos, al menos, los que quedamos “aquí” cuando un ser amado se nos va.

Sin embargo, nadie sabe lo que nos espera al otro lado de la vida aunque seguramente sea tan sólo polvo de estrellas, la energía que ni se crea ni se destruye, la Nada que forma parte de ese Todo Universal al que todos pertenecemos y donde todos nos reuniremos.

Tus lágrimas se acabarán secando algún día para evaporarse también en el cielo y convertirse quizá en parte de alguna estrella pero, mientras tanto, deja que corran y rueden por tus mejillas el tiempo necesario para eliminar las toxinas de tu dolor interno. Porque ese dolor precisa salir fuera, manifestarse e incluso recrearse, destruir para volver a crear y así sanar, aunque nunca llegue a desaparecer del todo.

Se ha marchado una parte muy importante de tí y lo peor es que no sabes dónde ni por qué tienen que ser así las cosas. Pregúntale a Tomás, quizá él sí que lo sepa ya, aunque… tendrás que aprender a interpretar de nuevo lo que te diga, como cuando era pequeño y sólo balbuceaba, pues no te hablará con palabras sino con signos, señales, acaso luces y sombras sobre tu lienzo en blanco. Quizá te diga que se siente bien donde está, que ya no le duele y que ya sólo le doléis vosotros. Llora si no le entiendes, enfádate con él, si es preciso, por el dolor que su paz y su silencio os están causando, pero no te quedes callado. Después, déjale ir, dile que ya no te duele tanto y que puede irse tranquilo a ese lugar que tal vez todos conoceremos algún día y donde quizá volvamos a encontrarnos con los que amamos. ¿Por qué no?

Es posible que Begoña, como buena madre, comprenda mejor su arcano lenguaje, deja que te ayude y dale también un abrazo muy gordo de mi parte.

Begoña dijo...

No tardes, no te vayas, ven ya, vuelve, qué horas son estas, me he quedado dormida, un poco fría, desconcertada, deseando oír solamente tu vuelta, tu llegada, y vienes y vuelves olvidando a qué vienes es ya de madrugada, los ruidos y el silencio de la casa, mi agobio, mis palabras, pero ya estabas aquí y empezaba de nuevo otra batalla. Esto que se ha acabado y forma parte del tiempo de la vida pasada porque ahora no hay ese dolor tan cierto que tanto me angustiaba era el presentimiento de que algo iba a pasarte, no podías seguir así un día y otro día, ahora en cambio es un dolor que no se apaga porque nunca amanece, te has ido y siempre es la noche cerrada.

Begoña dijo...

No ha pasado un día sin tu recuerdo, hay algunos en los que ruge el dolor desde lo más profundo, el dolor se vive a solas. No se permite el dolor y cuando duele todo está oscuro y silencioso y muerto. Enorme tu cuerpo ensangrentado, inmóvil, tu gesto definitivo: lo habías conseguido, lo que temíamos había llegado, para siempre, para siempre. No poder abrazarte, darte aliento sentir tu rechazo o tu inquietud ni tu abandono. Estás inerte en aquel espantoso lugar, entre otros muertos. Hoy ha rugido el dolor, yo sigo viva y tú estás ya muerto. Hijo mío ya no puedo abrazarte.